El maestro ronero José Navarro, junto a los otros seis que existen en Cuba, examina entonces casi un centenar de barriles de roble blanco americano, previamente seleccionados, para escoger aquellos que formarán la mezcla de lo que será el ron “Selección de Maestros”, una bebida que sale de las bodegas de la empresa Havana Club International S.A.La firma, fruto de la unión de la estatal empresa cubana Cuba Ron S.A. y del grupo francés Pernod Ricard, fue creada en 22 de noviembre de 1993 para convertirse en una de las primeras entidades mixtas abiertas para enfrentar la crisis que llamamos Período Especial y que sobrevino a inicios de esa década luego de la desaparición del campo socialista.
En la actualidad, con un volumen de ventas superior a los 3,8 millones de cajas de nueve litros, el consorcio regentea la mayor planta de procesamiento de ron del mundo, ubicada en la localidad de San José de las Lajas, en la provincia de Mayabeque.
Una destilería, áreas de añejamiento y mezcla y una embotelladora, conforman la planta de una moderna tecnología francesa,capaz de procesar cada día 30.000 litros de la bebida más tradicional de la isla, donde su elaboración tiene una historia de más de 150 años.
Ubicada en un entorno natural, que a ratos hace recordar un Jardín Botánico, en la planta se elaboran los ocho tipos de rones, clasificados de acuerdo con la mezcla y el tiempo de añejamiento, que se venden en más de 120 países.
“El ron no tiene fórmula mágica”, dice Navarro, quien asegura que se necesita un mínimo de 15 años de trabajo con esa bebida para considerarse como un candidato a Maestro Ronero, una categoría por la que hoy aspiran tres mujeres, por primera vez en la centenaria historia de esa industria.
La exclusiva línea “Selección de Maestros”, un producto diseñado para la sobremesa, tiene la peculiaridad de tener triple destilado y llegar hasta los 45 grados de alcohol, cinco más que los otros producidos por la empresa.
Sin embargo, Navarro vive orgulloso de su mayor creación, el ron “Máximo”, una mezcla conformada a partir de los rones más añejos que están en las bodegas de Havana Club y cuya fórmula se guarda en el más cuidadoso secreto.
“Es la expresión suprema del ron cubano”, asegura el experto sobre esa exclusiva bebida que se produce en cantidades muy limitadas y se vende en un hermoso decantador de cristal estilo art déco.
Con ese mismo hermetismo se guarda el número de barriles con mezcla que posee la planta, donde “hay suficiente para garantizar hasta el 2025 las necesidades del mercado”, según asegura a Cubahora, el jefe de Mezcla, Michel Rodriguez, un químico de 48 años que aspira a ser Maestro Ronero.
“Hacemos un ron que es como los cubanos: fuerte, impactante y complejo”, dice Rodríguez mientras explica el largo proceso de elaboración de esa bebida, que se obtiene como subproducto del procesamiento de la caña de azúcar, una industria que en Cuba también tiene una tradición centenaria.Todos los rones tienen como base un aguardiente fuerte, que tiene entre 74 y 76 grados de alcohol y que se obtiene del añejamiento, durante dos años, de la mezcla que viene de la destilería.Después, sucesivas mezclas con agua y destilado de caña, además de más años de añejo en los toneles de roble blanco americano, permiten refinar la bebida, un proceso en el que se pierde cada vez entre el seis y el siete por ciento de la mezcla.Rodríguez recuerda que en Cuba se llegaron a producir cerca de un centenar de marcas de ron y “aún hoy se producen muy buenos como Santiago, Mulata o Cubay”, marcas que están fuera de la licencia de Havana Club International.La planta, inaugurada en enero de 2007, espera ahora una inversión cercana a los 100 millones de dólares para ampliar sus capacidades de producción, pues ese ron ya está en la posición 24 del ranking de las 100 bebidas espirituosas mejor vendidas durante 2012 en el mundo.Un posicionamiento alcanzado a pesar de que ese ron no se puede comercializar en Estados Unidos, principal mercado mundial de ese tipo de bebidas y cuyo gobierno mantiene desde hace más de medio siglo un férreo bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba.Es cierto que la competencia, desleal en algunos casos, obliga a mantener bajo siete sellos varias de las fórmulas de la marca, pero más allá de ese necesario hermetismo, el éxito de la compañía está en su gente y, sobre todo, en las inigualables posibilidades que ofrece obtener los ingredientes de la Naturaleza cubana y ese es el verdadero secreto del Havana Club.
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