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jueves, marzo 13, 2014

Violación al derecho internacional: Miguel Ramos

El diferendo que mantienen Panamá y Venezuela es producto del abandono –por parte del gobierno de Ricardo Martinelli– del principio de estricta neutralidad que debe caracterizar a la política exterior.
La estratégica posición geográfica de Panamá, en gran medida determinada por el Canal, obliga al Gobierno a no ser parte de pactos militares; a no tomar partido en litigios de diversa índole entre otros países y, ante todo, a no intervenir en los asuntos internos de otras naciones y a no ser base de apoyo de factores externos para intervenir sus territorios.
Sin embargo, desde que asumiera su cargo en el año 2009, el presidente Martinelli ha patrocinado una política exterior errática, mediante la que, en primer lugar, toma partido a favor de Israel contra los palestinos, cuando Panamá siempre mantuvo una posición de estricta neutralidad a favor de la paz entre judíos y árabes; luego toma partido a favor de Japón en un litigio que ese país mantiene con la República Popular China en torno a la soberanía sobre unas islas cercanas a ambos países, lo que motivó una enérgica reacción por parte de China; le siguió el incidente del barco coreano y, ahora, la abierta intervención en los asuntos internos de Venezuela.
Lo más grave del caso es que el Gobierno de Panamá permite que ciudadanos venezolanos establecidos en nuestro país realicen manifestaciones y campañas públicas contra el Gobierno de Venezuela, algo que prohíbe el derecho internacional.
No debería sorprendernos, si a pocos meses de terminar su periodo de gobierno, el Presidente decidiera asumir una postura contra la federación rusa con respecto al caso de Ucrania.
Los hechos ya descritos indican que tanto Martinelli como sus colaboradores no tienen la menor idea de cuáles son los principios básicos que rigen las relaciones internacionales, menos aun, son conscientes de las implicaciones geopolíticas de sus actuaciones.
Las relaciones internacionales son un asunto muy serio y más en un mundo que se caracteriza por una acusada inestabilidad geopolítica. En función de nuestros intereses nacionales, la República de Panamá debe ceñirse a una estricta neutralidad en su política internacional y a favor de la paz mundial. No hacerlo es una irresponsabilidad mayúscula.

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