El arresto semanas atrás de cuatro cubanoamericanos
que pretendían realizar acciones violentas en instalaciones militares
cubanas fue, en su momento, una de las noticias más comentadas no solo
en medios nacionales y extranjeros. La noticia llegó en momentos en los
que las tensiones Cuba-EE.UU se encontraban en un período de relativa “pasividad” a pesar de que días antes el Departamento de Estado norteamericano incluyera
a Cuba dentro de la muy polémica lista de Estados patrocinadores del
terrorismo. No era extraño esperar que el caso de los cuatro resultara
añadido al “episodio Zunzuneo” y fuera presentado, mediante un gran
despliegue mediático nacional, como “una prueba más de la intenciones del Gobierno de los Estados Unidos”.
Sin embargo, y para mi sorpresa, el
asunto fue tratado con la más diplomática y reservada serenidad no solo
por la prensa cubana sino también por las autoridades cubanas. Ni
marchas por la Tribuna Antimperialista, ni kilométricas Mesas Redondas
con analistas traduciendo e interpretando cables secretos, noticias y
discursos de autoridades norteamericanas para nuestros “débiles y
confusos” cerebros y mucho menos una “Declaración del Gobierno
Revolucionario” acusando al gobierno norteamericano de estar “incitando
un cambio de régimen”. Nada. Y eso huele extraño.
Desde la misma nota que anunciaba el
arresto de los cuatro, el Ministerio del Interior anunció la intención
de contactar a las autoridades norteamericanas. Aunque desde un mismo
inicio el Departamento de Estado negó tal “contacto”, días después
tuvieron que aceptar que tal acercamiento si se dio. Días después, un encuentro casi histórico
se daba en Washington entre una alta funcionaria del Ministerio de
Relaciones Exteriores cubano y la subsecretaria adjunta del Departamento
de Estado norteamericano. Ni enfriamiento de las relaciones, ni guerra
de declaraciones, estamos en otros tiempos y al parecer hay una nueva
forma de dirimir las diferencias.
Hace unos días varias figuras de la
política norteamericana –entre republicanos y demócratas-, algunos de
ellos vinculados a varios gobiernos de dicho país, incluido el actual, firmaron una carta abierta dirigida al Presidente Obama. Las cifras
no pasaron inadvertidas, la opinión pública norteamericana tiene una
nueva forma de ver las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y los
políticos se han dado cuenta.
Pero no todos en el eje La Habana- Miami-
Washington están contentos con esta nueva era, hay quienes hacen todo
lo posible por detener el cambio. Pensar en esto me recuerda una charla
que tuve con un colega bloguero, no solo los extremistas de Miami viven
de la falta de diálogo, hay un sector en Cuba (periodistas, “analistas”,
diplomáticos y funcionarios) que se resiste a aceptar que los tiempos
han cambiado. Apegados en aquella vieja y manida frase guevariana de “al imperialismo ni un tantico así”, hay quienes jamás aceptarán que es sano extender las manos “al imperio”. Para ellos, el “revolucionario” no se rebaja a tal.
Algo está claro, en caso de no existir el
bloqueo/embargo, tanto el gobierno cubano como el empresariado
norteamericano saldrán ganando. Pero quienes durante años han vivido del
diferendo y de las prebendas de su existencia verán como el piso se les
mueve y como el pretexto del cual han vivido desaparece. Durante años
hemos visto como el bloqueo/embargo se ha llevado -sino todas- gran
parte de las culpas de las ineficiencias y problemas ocurridos en este
país. No es secreto para nadie que las medidas aplicadas por Estados
Unidos asfixian y lastran el funcionamiento económico cubano, pero igual
es cierto que su existencia ha sido siempre el telón donde se ha
escondido la ineficiencia y el oportunismo de algunos.
El diferendo no culmina con un apretón de
manos entre los mandatarios de ambos países, ni con un acuerdo
bilateral y mucho menos con relaciones fluidas o inversiones. Antes hay
que superar años y décadas de odio y de distanciamiento. Hay que romper
el “estatus quo” que ha permitido acomodar a los extremistas y
“vividores” de lado a lado.
Yo, al igual que muchos de mi generación,
crecí en medio de este diferendo del cual estoy cansado por no decir
hastiado. El balón está ahora en manos de Obama pues es su gobierno
quien tiene la llave para culminar todos estos años de absurdo diferendo
y políticas de subversión y desestabilización derivadas de mismo. Esto
no significa que La Habana no tenga dar pasos en pro de solucionar el
conflicto, siempre y cuando estos no afecten la soberanía nacional. Algo
si es cierto, que haya una nueva forma de manejar los “problemas” y las
diferencias, alejados de los viejos métodos del pasado, es ya un gran
paso.
Al parecer soplan vientos de cambios. Veremos hacia donde nos llevan…
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