Tomado de Juan Carlos Villegas Febre.
De todos los anuncios hechos por el
Presidente Maduro, hubo uno que pasó debajo de la mesa: El decreto por
el cual el Petro será de ahora en adelante, legalmente, una “Unidad de
Cuenta” (UC); además del propio Bolívar Soberano (BsS). La UC es una
unidad monetaria virtual o nominal que mide el valor de mercado de una
mercancia o de un servicio. O sea, al permitirse que sea utilizado el
Petro como UC, entre otras cosas, posibilita, en la práctica, a los
Registros y Notarias expresar transacciones de compra-venta de muebles,
inmuebles y semovientes en Petros, además de Bolívares Soberanos, de
acuerdo a la tasa Petro/BsS que se establezca. En este sentido hay que
recordar que ya desde el mes de mayo de 2018, por decreto presidencial,
pueden hacerse negocios en Petros y plasmarse éstos en Notarías y
Registros. Solo faltaba que fuera una Unidad de Cuenta para darle
sustento y soporte legal en la contabilidad de las personas naturales y
jurídicas, de derecho público y privado.
Si a eso le sumamos la reciente decisión
de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario
(Sudeban) de ordenar a los bancos que realizan operaciones dentro del
país, expresar los estados de cuenta de sus clientes en Petros (además
de Bolívares Soberanos, la moneda acuñada de curso legal); como colofón
de la “petrolización” de toda la economía venezolana; donde toda la
escala de sueldos, salarios, pensiones y precios tendrán como base al
Petro (el cual, como se sabe, representa un contrato compra-venta de un
barril de petroleo de la cesta venezolana de crudos); entonces
necesariamente debemos hacer una analogía con lo ocurrido con el
Rentenmark en 1923, cuando se vivió una brutal hiperinflación en la
Alemania de entreguerras (República de Weimar).
El Papiermark era la moneda de curso
legal de la Alemania de la época. Por las duras condiciones que imponía
el Tratado de Versalles a la Alemania derrotada, hubo necesidad de
vender el oro de la república para pagar lo que exigían los Aliados
vencedores. El Papiermark se fue quedando paulatinamente sin respaldo
real, y la gente empezó a rechazar su propio papel moneda. Una espiral
inflacionaria, que se convirtió rápidamente en un vórtice
hiperinflacionario, era la consecuencia natural de esta situación;
teniendo el gobierno que imprimir más papel moneda sin respaldo, para
poder cubrir sus propios gastos, lo cual empujaba aún más la subida de
los precios y la devaluación aún mayor de una moneda ya de por sí
depreciada. Entonces se desató la catástrofe.
El arquitecto de la salvación de la
economía alemana, Hjalmar Schacht, concibió una salida que, a la postre,
resultó tremedamente exitosa: se crearía un nuevo medio de intercambio,
el Rentenmark (que estrictamente hablando nunca fue una verdadera
moneda) quien sustituiría al hiperdevaluado Papiermark; el cual no
estaría respaldado por oro guardado en las arcas del Banco Central de
Alemania, como era la usanza de la época; sino con garantía sobre los
bienes industriales y las hipotecas que sobre las tierras habían
establecido las autoridades de ese entonces. Ese fue el “truco”, la
salvación.
Debemos aquí hacernos dos preguntas: 1)
¿Por qué funcionó en la Alemania de 1923?, 2) ¿Por qué algo equivalente
pudiera funcionar en la Venezuela de 2018? Respondamos la primera
(siguiendo a Julian Phillips, financialsense.com):
Los alemanes aceptaron el Rentenmark porque creían que la garantía
sobre bienes industriales y tierras era verdaderamente real y valiosa.
Al ser de esta manera, parecía limitar estrictamente la cantidad de
dinero que podría emitirse, inspirando mayor confianza en su solidéz.
Además, si fracasara esta nueva moneda, al ser un banco alemán su
emisor, podría más fácilmente reclamarse la entrega de la garantía.
Aunado a esto, habían leyes claras que se imponían sobre el dinero y los
activos involucrados.
Respondamos la segunda: Al ser el Petro un medio de intercambio por el cual se expresa el precio de bienes y servicios (aún cuando estrictamente hablando no es una verdadera moneda), y al estar este respaldado por un bien tangible, reconocido por todos como muy valioso,
y cuya cantidad está estrictamente limitada por esos mismos bienes que
se han colocado como respaldo (5 mil millones de barriles de petróleo
del Campo 1 del Bloque Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco; y
luego casi 30 mil millones de barriles del Campo 2 del mismo Bloque),
hay potencial de que el Petro sea aceptado como medio de intercambio
(moneda) y como referencia para otras divisas.
Hay un segundo componente que debemos
analizar para el caso venezolano, que también funcionó en su modalidad
en la República de Weimar: Si los bienes y riquezas de las personas naturales y jurídicas serán, desde ahora, legalmente reconocidas en Petros, entonces un ataque a la industria petrolera, una campaña contra el precio de la cesta venezolana de crudos, una guerra contra la estabilidad del Petro, sería
un ataque directo e individual al corazón de la sotenibilidad y
sustentabilidad física de todos y cada uno de los habitantes de
Venezuela.
Si mi vecino a través de sus
redes sociales, o en conversaciones familiares, o simplemente en su
actitud, hace campaña para destruir, disminuir, ralentizar,
desestabilizar o aminorar la buena marcha del Petro como Unidad de
Cuenta y sólido marcador de la economía venezolana, entonces estará
atentando directamente sobre el valor de sus propiedades y la de sus
vecinos y familiares. Porque cuando quiera tasar sus tierras, o
casas, o vehiculos, para venderlos, o solicitar préstamos en las
entidades bancarias, al estar representadas en Petros, sería suicida
desear, alentar, apoyar, organizar, sostener o aupar, cualquier
iniciativa que socave o menoscabe el valor del Petro y de toda la
industria petrolera. Sería insostenible.

No hay comentarios:
Publicar un comentario