Tomado de Arnaldo Musa
Es una de esas afirmaciones que
quizás muchos no han oído nunca: el agua en un desagüe, por ejemplo, en
el inodoro, gira a la izquierda en el hemisferio norte, y a la derecha,
en el sur. Se demuestra con un barreno de agua y un embudo. Tiene nombre
y todo, Efecto Coriolis.
Como tal fenómeno, el gobierno
ecuatoriano sigue cada vez más girando a la derecha, como se acaba de
demostrar con dos hechos que no dejan lugar a dudas: el abandono del
ALBA y el regreso a las maniobras UNITAS, dirigidas por la Marina de
Guerra de Estados Unidos.
El pasado jueves, Quito anunció su separación de la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), según lo
manifestó su canciller, José Valencia, luego de haber sostenido una
animada conversación con emigrantes venezolanos.
“La salida del ALBA es una decisión firme del Ecuador. Lo que busca
es ratificar la independencia de nuestro país en su accionar general en
la política regional, un accionar marcado en principios”, dijo Valencia,
quien señaló que la migración de venezolanos es causada por “la crisis
que atraviesa” ese país, la calificó como “el mayor éxodo en la historia
reciente de América Latina” y dijo que Caracas no está atendiendo este
asunto, causando una crisis humanitaria.
Hay que recordar que tal alegato ha sido exhibido por el presidente norteamericano, Donald Trump, y la dirección de la Organización de Estados Americanos, con el fin de justificar “por razones humanitarias”, una invasión a Venezuela.
El propio gobierno de Lenín Moreno había
manifestado en marzo pasado, en Caracas su solidaridad con Venezuela y
rechazado las sanciones e intromisiones de EE.UU. en los asuntos
internos de ese país, destacando que son los causantes de amenazar “la
paz y el diálogo entre venezolanos con propósitos desestabilizadores que
generan penurias a su población”.
El ALBA es una organización regional fundada en diciembre del 2004
por iniciativa del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y de
Cuba, Fidel Castro, como una respuesta al Área de Libre Comercio para
las América (ALCA), que impulsaba EE.UU. en América Latina.
Con la salida de Ecuador, la alianza regional queda con 11 miembros
de derecho: Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Antigua y Barbuda,
Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas,
y Santa Lucía.
SUMISIÓN A EE.UU.
Sólo 24 horas después de abandonar la entidad solidara, este viernes,
zarpaba la flota naval ecuatoriana que se unirá a las Maniobras UNITAS
2018, que tendrán lugar en Cartagena, Colombia. Ecuador, en decisión
soberana, había estado ausente once años del movimiento naval organizado
por el Pentágono.
El ejercicio multinacional UNITAS, que se desarrollará desde el 31 de
agosto hasta el 11 de septiembre, contará con la participación de 18
unidades de guerra, guardacostas, submarinos y unidades aéreas de
Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados
Unidos, Honduras, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Reino
Unido.
El golpe judicial que se intenta dar contra el ex presidente Rafael
Correa lo ha mantenido alejado del país, so pena de ser encarcelado por
burdos pretextos que se esgrimen en un libreto que el Imperio hace
seguir al gobierno de Lenín Moreno y que ya tiene en prisión a Lula en
Brasil y trata de hacerlo con Cristina Fernández en Argentina.
Con el golpe judicial que pretende encarcelar al ex-presidente Rafael
Correa, el Gobierno ecuatoriano demuestra la urgencia (casi
desesperación) para impedir que el ex-mandatario regrese a presentarse
como candidato a las elecciones municipales del 2019. También para
evitar que siga al frente de la reorganización del movimiento ciudadano
antineoliberal que se viene gestando tras el vertiginoso giro a la
derecha de Lenin Moreno.
Están apelando a una guerra judicial sin cuartel, mostrando el rostro
autoritario y antidemocrático del presidente. La presión de la derecha
en lo interno y de EE.UU., en lo externo, le obligó a quitarse su
máscara amable y de izquierdas, inservible para aplicar a fondo el
proceso de regeneración neoliberal y de sumisión, que contiene medidas
políticas y económicas que llevarán al Ecuador de regreso al pasado.

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