Tomado de Arnold
August.
El 15 de agosto de
2018, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció otra medida
encaminada a reducir su personal y su eficacia en su embajada en La Habana,
mediante la “limitación de la permanencia de los diplomáticos” a tan solo un año.
Esta categoría de asignación extremamente limitada es aplicada normalmente en
países en guerra, como Afganistán e Iraq.
El cambio en la
política de Estados Unidos comenzó el pasado otoño, sobre la base de un
supuesto problema de salud de origen sónico -presuntamente detectado por
Washington-, que afectó a sus diplomáticos en La Habana.
Teniendo en cuenta la
alerta de viajes dirigida a los estadounidenses en cuanto a visitar Cuba, y la
limitación de servicios consulares, que afecta tanto a ciudadanos estadounidenses
como a los cubanos en la isla, la administración Trump ha reducido
significativamente las relaciones diplomáticas iniciadas por Obama, así como
con respecto al deshielo de los servicios consulares.
Sin embargo, el 23 de
agosto de 2018 el Departamento de Estado de Estados Unidos revisó su
notificación acerca de los viajes a Cuba, pasando de “reconsiderar los viajes”
a “ejercer una mayor cautela”.
Mientras
mantiene la misma terminología acusatoria del “ataque sónico”, trasmite ahora
el mismo estado de alerta a Alemania, Francia, Dinamarca, España, Italia e
Inglaterra. ¿Washington está sintiendo el calor de las discusiones entre
científicos de muchos países (incluyendo a Estados Unidos), lo que equilibra el
debate en contra de la política de Trump respecto a la embajada en La Habana?
Durante una gira de
conferencias en el Reino Unido, realizada entre mayo y junio de 2018, llegó a
mi conocimiento que The
Guardian (del Reino Unido) había publicado el 29 de
mayo un artículo científico que cita, entre otras fuentes,
a dos neurólogos científicos de la Universidad de Edimburgo, los doctores
Sergio Della Sala y Robert McIntosh.
Su principal hallazgo
científico conjunto, fruto de una investigación completa, como argumento en
contra de la reclamación de Estados Unidos acerca de los ataques “sónicos”, fue
fascinante. Parece que, incluso para un ser común, el texto llega al corazón de
las exigencias estadounidenses utilizadas como pretexto para el
restablecimiento de las relaciones hostiles.
Universidad de Edimburgo.
Dado que en los
planes de mi gira estaba incluida Escocia, solicité una entrevista con los
autores del artículo en la Universidad de Edimburgo. Ellos aceptaron
amablemente, con la única salvedad de que, dado que el Dr. Della Sala no podía
participar porque estaba fuera de la ciudad, el
Dr. McIntosh lo representaría.
“No estoy en absoluto
políticamente motivado”, así inició el encuentro el Dr. McIntosh. De hecho, sus
motivaciones son puramente científicas, basadas en su vasta experiencia de
trabajo: licenciado en psicología y neurocirugía de la Universidad de
Manchester, Inglaterra; PhD en Neuropsicología de la Universidad
Glasgow Caledonian, de Glasgow, Escocia; Director de Psicología
(2013-2016) y Profesor titular de Psicología (desde 2010 hasta el presente)
en la Universidad de Edimburgo, Escocia.
El Dr. Della
Sala es profesor de Neurociencia Cognitiva de la Cátedra de
Filosofía, Psicología y Ciencias del Lenguaje en la Universidad de
Edimburgo. Teniendo en cuenta tan solo los años más recientes, ha sido
autor o coautor de siete libros y numerosos artículos, ha ocupado importantes
puestos en Europa y ha recibido varios premios en su campo.
Universidad de
Pensilvania.
En esta reunión se
confirmó que la Universidad de Pensilvania había sido encargada por el
Departamento de Estado de Estados Unidos para realizar pruebas a aquellos
miembros del cuerpo diplomático estadounidense en La Habana que supuestamente
habían presentado problemas de salud.
El informe formal de
la universidad estadounidense fue publicado en marzo de 2018 en el Journal of
the American Medical Association. Esto llevó a los
dos científicos de Edimburgo a cuestionar la veracidad del informe y a
calificarlo como “carente de rigor científico”, “no confiable” e “irracional”,
palabras fuertes para académicos no motivados políticamente.
De hecho, su reacción
tiene un sólido fundamento científico. ¿Cuál fue la principal característica
del procedimiento utilizado por la universidad estadounidense y cuáles los
resultados alcanzados que provocaron un claro rechazo del otro lado del
Atlántico?
El intercambio en la
universidad en Escocia se centró principalmente en la carta de
McIntosh y Della Sala publicada el 29 de mayo de 2018 en la
revista europea Journal of
Neurology.
Sin embargo,
mi objetivo era hacer que el análisis fuese accesible para el público
general, de modo que lo que se había convertido casi en ciencia ficción como
consecuencia de la controversia, pudiese tener un reconocimiento más amplio.
Este enfoque fue
facilitado por la posición que adoptaron los dos científicos. El título de su
artículo, evaluado por pares, “Cognitive Impairments That Everybody Has”
(Deficiencias cognitivas que todos tenemos) me llevó, durante el
debate, a reflexionar acerca de una experiencia que algunos de nosotros
podemos haber tenido.
El estudio de
Pensilvania incluyó a seis diplomáticos escogidos entre todos los
afectados. Cada uno de ellos fue sometido a 37 pruebas cognitivas.
Las pruebas evaluaban la memoria activa, el lenguaje, el razonamiento, la
visión, la concentración, el movimiento y otras habilidades cognitivas
para un total de diez categorías.
La práctica
normal de las pruebas cognitivas consiste en medir el rendimiento
individual en comparación con el resto de la población. Y ¿cuál es la medida
estándar aceptada por la profesión? Una persona debe obtener una puntuación de
cinco por ciento en la parte inferior para ser considerada
discapacitada. El umbral debe ser bajo para tener en cuenta una
variedad de factores. Una muy pequeña proporción de la población se
considera discapacitada.
Una prueba cognitiva
de rutina en Montreal.
Muchas de las pruebas
descritas por McIntosh, aplicadas a los diplomáticos, me parecían muy
familiares. Yo mismo las experimenté recientemente cuando presenté una prueba
cognitiva de rutina en Montreal relacionada con la dificultad para concentrarse
debida al envejecimiento en general.
Frente a un médico,
sin tregua durante más de una hora, mientras me sometía a una prueba de
“inteligencia”, me pareció difícil evitar un análisis de ese profesional y las
elaboradas pruebas en sí mismas. Mi mente divagó inevitablemente en
cuestiones tales como las tareas que me esperaban a mi regreso a la oficina
después de mi visita al médico, y así sucesivamente.
La motivación
aquí no es generalizar o simplificar. Lo que queda claro, sin embargo, es
que en estas pruebas debe darse una máxima cantidad de libertad para evitar
diagnosticar una característica que, en teoría, podría ser considerada
como una “deficiencia cognitiva”, pero que no lo es en absoluto. Así,
el cinco por ciento del
umbral es el típico estándar en la profesión.
Sin embargo, la
Universidad de Pensilvania define el umbral en el 40 por ciento, lo que
significa que cuatro de cada diez personas que toman la prueba presentarán ipso facto una
“discapacidad”. Así, los científicos de Edimburgo concluyeron que “el 40
por ciento del umbral no es un detalle. Por el contrario, ni siquiera es
reconocido en nuestras pruebas científicas o en ensayos clínicos”.
Los dos científicos
reprodujeron las pruebas ¡Mil veces!
Si los lectores aún
tienen dudas acerca de esta afirmación, permítame asegurarles que McIntosh y su
colega no dejan nada sin responder. Realmente replicaron el modelo de
Pensilvania, que analizó la probabilidad de pasar todas las pruebas cuando el
umbral de falla estaba fijado en el 40 por ciento. Adicionalmente, los dos
científicos reprodujeron las pruebas ¡mil veces! Todos los
sujetos fueron clasificados como discapacitados.
En su informe,
los médicos estadounidenses revelaron que los seis diplomáticos que
fueron sometidos a todas las pruebas tenían algunos trastornos
cerebrales o de otro tipo. Sin embargo, McIntosh dice que cualquiera
que hubiese tomado las pruebas habría sido clasificado como discapacitado.
Hasta la fecha, la
Universidad de Pensilvania nunca ha respondido a la cuestión
específica del criterio del 40 por ciento, aun cuando una parte muy
importante de las medidas de represalia del Departamento de Estado de Estados
Unidos contra Cuba se basa en esa línea base de 40 por ciento.
Quizás los lectores
podrán llegar a sus propias conclusiones.

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