
Tomado de Rebelión
1
El 4 de agosto durante la celebración del
81 aniversario de la Guardia Nacional se llevó a cabo un atentando
contra el presidente legítimo y constitucional de Venezuela Nicolás
Maduro. El atentado fue frustrado por la acción rápida y oportuna de los
equipos de la Guardia Presidencial encargados de inhibir señales,
quienes desorientaron y desviaron a los dos drones utilizados en la
acción criminal, como resultado de lo cual uno fue derribado y el otro
estalló fuera del blanco previsto, dejando siete guardias heridos. Los
dos costosos drones DJ1 M600, cargados con pólvora y un kilo del
explosivo C-4 fueron enviados a la avenida Bolívar, donde se realizaba
el acto militar; uno debía explotar en la parte superior de la tarima
presidencial y el segundo en la zona frontal. El objetivo era claro:
asesinar al presidente de Venezuela, a su esposa, a los miembros del
gabinete que se encontraban allí y a los altos mandos militares.
Los dos grupos operativos que manejaban
los drones fueron capturados el mismo día del atentado: uno en plena
actividad y el otro mientras huía hacia Colombia. Uno de sus miembros
confesó que había recibido entrenamientos para manejar drones en la
finca Atalanta, ubicada en el municipio de Chinácota, Norte de Santander
y quienes lo adiestraron le ofrecieron 50 millones de dólares y
residencia en los Estados Unidos.
En este hecho ha sido evidente la participación de círculos terroristas que operan contra el gobierno venezolano, que se mueven como Pedro por su casa en Estados Unidos y Colombia, donde cuentan con el apoyo abierto o encubierto de los gobiernos de esos dos países. Resulta acaso pura coincidencia que en una de sus últimas declaraciones como presidente, el tenebroso Juan Manuel Santos haya dicho, luego de reunirse con Julio Borges –uno de los implicados en el atentado de Caracas– estas palabras: “veo cerca la caída del régimen de Maduro en Venezuela[…] ojalá mañana mismo terminará”. ¿Simples deseos o anuncios de lo que iba a venir?
Este criminal atentado ha puesto de presente una vez más hasta donde ha llegado el envilecimiento del periodismo por parte de falsimedia mundial, puesto que el hecho no ha sido presentado como lo que es, un acto terrorista, sino que se ha puesto en duda su misma existencia y los titulares de la prensa y de la televisión, hablan de “supuesto”, “pretendido”, “simulado” atentado. Esto indica, además, un doble rasero, porque mientras un accidente de tránsito en Londres o un ataque con cuchillo en Bruselas o París son catalogados como “atentados terroristas”, el intento de asesinar a un jefe de estado es catalogado como algo supuesto e incluso sus autores son alabados como “rebeldes” o “luchadores por la libertad”.
En este hecho ha sido evidente la participación de círculos terroristas que operan contra el gobierno venezolano, que se mueven como Pedro por su casa en Estados Unidos y Colombia, donde cuentan con el apoyo abierto o encubierto de los gobiernos de esos dos países. Resulta acaso pura coincidencia que en una de sus últimas declaraciones como presidente, el tenebroso Juan Manuel Santos haya dicho, luego de reunirse con Julio Borges –uno de los implicados en el atentado de Caracas– estas palabras: “veo cerca la caída del régimen de Maduro en Venezuela[…] ojalá mañana mismo terminará”. ¿Simples deseos o anuncios de lo que iba a venir?
Este criminal atentado ha puesto de presente una vez más hasta donde ha llegado el envilecimiento del periodismo por parte de falsimedia mundial, puesto que el hecho no ha sido presentado como lo que es, un acto terrorista, sino que se ha puesto en duda su misma existencia y los titulares de la prensa y de la televisión, hablan de “supuesto”, “pretendido”, “simulado” atentado. Esto indica, además, un doble rasero, porque mientras un accidente de tránsito en Londres o un ataque con cuchillo en Bruselas o París son catalogados como “atentados terroristas”, el intento de asesinar a un jefe de estado es catalogado como algo supuesto e incluso sus autores son alabados como “rebeldes” o “luchadores por la libertad”.
Tras fracasar el atentado, emergieron las
voces que lo reivindicaron sin que nadie los estuviera llamando a
declarar, hablando desde dos lugares emblemáticos de la guerra contra
Venezuela: Miami y Bogotá. En esta última ciudad, y según lo dice la
revista Semana –conocida por su visceral postura contra el gobierno
legal de Venezuela: el “expreso político venezolano, el ex policía
Salvatore Lucchese, quien aseguró en Bogotá haber formado parte del
plan. ‘Teníamos un objetivo y al momento no se pudo materializar’, dijo
durante la toma de posesión de Iván Duque”. La misma revista dice estar
sorprendida porque “Ni Casa de Nariño ni ningún actor de la oposición ha
explicado su presencia en Colombia. ‘Es el gran misterio’, dice una
diputada de Voluntad Popular, partido en el que militó el ex policía
hasta enero. ‘Él se apareció allí y más nada. No fue representando a
nadie. Una semana antes estuvo en Venezuela en una boda, entonces sacó a
su familia hacia Miami y él viajó a Bogotá’, agrega una fuente cercana a
su familia”. ¡Y todavía dicen que los gobiernos colombianos, el de
Santos y ahora el de Duque, no tienen nada que ver con el atentado, si
ellos mismos lo están reconociendo a través de noticias como esta que
difunde uno de sus principales medios de desinformación, en donde se
dice que un individuo que reivindica el atentado contra Nicolás Maduro
está presente en la posesión del nuevo presidente de Colombia! ¡Difícil
encontrar más cinismo y descaro!
Desde Miami, vino la confesión bomba,
hecha de manera voluntaria y deliberada, en lo que puede considerarse
como el mejor (o peor) ejemplo de lo que es la cloaca periodística y
humana, por la boca del periodista y presentador peruano Jaime Bayly,
radicado en esa ciudad de La Florida. Este individuo afirmó que estaba
enterado de lo que había sucedido en Caracas, porque había sido invitado
a participar en una de las reuniones donde se maquinó el atentado y se
comentaron los detalles del mismo: “yo me enteré del plan durante la
semana […] y me dijeron ‘el sábado vamos a matar a Maduro con drones’ y
yo les dije “háganle’” y les propuso “¿quieren que yo les compre un dron
más, avísenme, por favor”.
Luego describió con detalles el complot:
“el plan era sobrevolar la tarima presidencial con dos cargadores
explosivos, bajar sigilosamente los drones que podían parecer cámaras de
la televisión oficial y despistar a la guardia presidencial y a sus
francotiradores y hacerlos estallar con poderosa carga explosiva bien
cerquita del dictador, para eliminarlo, darlo de baja y así tal vez
iniciar una nueva etapa de libertad”.
Como para que no quedaran dudas de su
apología al asesinato del presidente de Venezuela, ese sicario con
micrófono que es Jaime Bayly agregó: “Así que yo estoy con ellos, con
los héroes”, porque no son “terroristas ni sicarios los que hicieron
volar esos drones son patriotas, son gentes de honor, son venezolanos
ejemplares”. En forma despreciativa y haciéndole una vulgar apología al
crimen indicó que ojalá Maduro “se vaya a reunir con Chávez”. Lamentó
que “el atentado no haya tenido éxito […] que Maduro este todavía en pie
y respirando porque le hace un daño vicioso e incalculable a Venezuela y
si la libertad de Venezuela presupone dar de baja a Maduro, hay que
hacerlo sin compasión”. Añadió, lamentándose por el acto fallido: “Es
una lástima, [que] los conspiradores hayan fallado esta vez, pero no por
eso van a desmayar, van a tirar la toalla, seguramente están ya
preparando un próximo atentado”.
2
Cuando se amenaza a un periodista se
denuncia que se pone en cuestión la libertad de prensa, pero no sucede
nada cuando un sicario que hace las veces de periodista, como el peruano
de marras, amenaza al presidente de un país, hace una apología abierta
del terrorismo criminal, encubre a una banda de asesinos, propaga el
odio y el culto a la muerte y al magnicidio. ¿Eso debe defenderse a
nombre de la libertad de prensa? Los que ejercen como periodistas pueden
amenazar, aplaudir a criminales (como los radicados en Miami y Bogotá)
porque los protege el manto de la impunidad, de la misma impunidad que
ampara a los asesinos cuando conspiran contra un gobierno que no es del
gusto de Washington y sus lacayos de América Latina, como los que están
organizados en ese Cartel de Delincuentes que se llama Grupo de Lima.
Por supuesto, ante este vergonzoso
ejemplo de indignidad periodística los voceros de la Sociedad
Interamericana de Prensa, de Reporteros sin Fronteras y los periodistas
de Colombia, Madrid y todos los lugares donde se destila esta campaña de
muerte y saboteo contra Venezuela se han quedado callados. Los
comentaristas de los medios colombianos no han dicho ni una sola palabra
sobre este alevoso atentado y su infame justificación por un sicario
con micrófono radicado en Miami.
En el caso de Colombia no nos debemos
sorprender, con el tipo de periodismo “independiente” que aquí impera,
propiedad de los grandes capitalistas del país, quienes controlan los
canales de televisión, las cadenas radiales y los periódicos y revistas
de circulación nacional y cuya pauta informativa con respecto a
Venezuela está dictada por la lógica de la mentira y la falsedad. Solo
basta colocar dos ejemplos sobre amenazas de muerte contra el presidente
de Venezuela hechas desde Colombia. La primera sucedió cuando el ex
presidente de México Vicente Fox, neoliberal de pura sangre y altamente
responsable del actual desangre de México, en la ciudad colombiana de
Barranquilla señaló que era necesario matar al presidente Maduro, con
esta expresión de “gran nivel”: “Sale con su renuncia o sale con las
patas por delante en un cajón”. Esta invocación al asesinato fue
inmediatamente replicada por los canales de televisión de Caracol y RCN,
con títulos destacados en la pantalla en que se podía leer: “Dictador
Maduro, renuncia o morirás” (RCN) y “Hay que derrocar al dictador”
(Caracol) y también fue reproducido por las redes sociales en el twitter
oficial de Caracol TV. Entre otras cosas, esa fue una de las razones
por las cuales esa red de sicarios con micrófono que es Caracol, fue
sacada del aire en Venezuela. Y, en el colmo del cinismo, todavía
preguntan, en forma aparentemente ingenua, por qué les hicieron eso.
Y el otro hecho ha sido protagonizado por
el abogado de la mafia Abelardo de la Espriella, defensor de
paramilitares, criminales, asesinos, y amigo cercano del campeón de los
capos y ex presidente de Colombia, quien en columnas de prensa y en un
libro ha justificado el asesinato del presidente Maduro. En efecto, en
su columna titulada “Muerte al tirano”, publicada en El Heraldo en julio
de 2017 señaló: “ Los venezolanos de bien y la comunidad internacional
en pleno deben entender que la muerte de Nicolás Maduro se hace
necesaria para garantizar la supervivencia de la República. No se
trataría de un asesinato común, sino de un acto patriótico que está
amparado por la constitución venezolana y que resulta, por demás,
moralmente irreprochable”. Y en marzo de 2018, ese mismo abogado de la
lumpenburguesía colombiana publicó un libro con el mismo título “Muerte
al tirano” en donde vuelve a hacer una vulgar apología del asesinato del
presidente venezolano. Y todavía Semana, El Tiempo, El Espectador y
sus comentaristas a sueldo se preguntan por qué razones el gobierno
venezolano dice que las acciones desestabilizadoras y terroristas se
organizan en Colombia, con participación de gobernantes, paramilitares y
periodistas. Porque aparte de todo, esos medios de desinformación posan
de mansas palomas, cuando son apologistas del crimen y del terrorismo y
no solo mediático, como lo demuestra lo sucedido en estos días con el
atentando al presidente de un país suramericano. Podemos concluir,
parafraseando a Alfonso Sastre, en una frase que es necesario citar
todas las veces que sea necesario: lo peligroso que resulta un
micrófono, una cámara de televisión o un procesador de palabras en manos
de cretinos y sicarios morales y sobre todo cuando estos gozan de
completa impunidad.
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